11 febrer 2026
Categoria/es: General

ANTONIO MIÑANO RECORDA MOSSÈN JOAN EN EL 8è ANIVERSARI DE LA SEVA MORT

El diumenge 11 de febrer de 2018, festivitat de la Mare de Déu de Lourdes, Déu va posar fi a la vida terrenal de Mossèn Joan Mora per endur-se’l al cel. Un any més, Antonio Miñano ha fet un escrit recordant-lo, fent memòria de la seva confiança en Déu, la seva incansable activitat evangelitzadora i d’alguns consells que donava als voluntaris convidant-los a reproduir la seva vida compassiva de seguiment de Jesús. Les seves paraules expressen el sentiment dels qui vam tenir la sort de compartir uns anys de la seva vida a la parròquia Mare de Déu del Carme. El seu record és viu, ens il·lumina i ens guia.

EL PADRE JUAN, PROFETA DE LA COMPASIÓN

Era el rumor que traían los viajeros que pernoctaban en la posada. En Galilea se había manifestado un profeta que seducía a todos por su compasión. Se contaban de él obras prodigiosas: Se compadeció de un leproso, al que tocó y lo sanó. Sintió compasión de una viuda que lloraba por su hijo único fallecido y lo volvió a la vida. Cuando entraba a esta ciudad de Jericó, devolvió la vista a un ciego que le imploraba en el margen del camino. En otra ocasión se compadeció de una multitud que le seguía y la proveyó de alimento.

El Posadero del albergue se dejó salpicar y tocar por estos relatos de la realidad sufriente de las gentes y determinó en su interior imitar a ese galileo bueno acompañando, aliviando y sanando a cuantos transeúntes o personas de su entorno lo necesitaran.

Y así surgió en el 2014 Jericó, la fundación al servicio de las personas desprotegidas de la ciudad y después el albergue que el Padre Juan había imaginado como un reflejo del amor profundo de Dios que se conmueve ante el sufrimiento humano, y como consecuencia se afana en proveer las necesidades básicas: un comedor social, un hostal de acogida y un acompañamiento que dignifique las personas.

Un rasgo distintivo de mosén Joan: vivía solo con lo imprescindible, para tener la agilidad de hacerse presente donde se lo necesitase. Esta austeridad y pobreza eran signo de la confianza que tenía en su padre-Dios y no en sus fuerzas, medios o instituciones. Eso hacía creíble el evangelio que predicaba.

El padre Juan era ante todo humano, cercano, conversador. Un amigo. Un guía. Un profeta de nuestro tiempo. De los de verdad. Bajaba al barro, al latir de la vida, al grito de los pobres encarnados en migrantes, sin papeles, sin techo o hambrientos.

A sus voluntarios nos invitaba a reproducir una vida compasiva para poder ser seguidores de Jesús y nos aconsejaba:

  • Sé permeable, poroso: déjate afectar por las situaciones de los demás. No seas roca dura sobre la que resbala el agua.
  • Suaviza tu mirada: no seas duro cuando miras al que lo pasa mal. Mírale a los ojos y descubre en ellos la mirada del mismo Jesús. Mírale como quisieras que te miraran a ti.
  • Haz caso a tu corazón: porque todos tenemos un corazón bueno en el fondo. Hazle caso a su lado más compasivo, más humano. Controla tus reacciones duras.

El mensaje que nos deja Mosén Joan en el 8º aniversario de su partida es el de un Evangelizador incansable, fiel a la Iglesia a la que sirvió apasionadamente, que gastó su vida en ayudar a otros a descubrir su camino.

El Padre Juan, el Posadero de Jericó no ha muerto del todo. Su voz seguirá resonando en esa legión de voluntarios y feligreses creyentes que él formó con su ejemplo y su palabra. Su legado es una antorcha que no hemos de dejar apagar.

Antonio Miñano, 11 febrero 2026

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